

Splash (1984) es considerada una obra esencial del cine fantástico romántico por su capacidad de fundir lo mágico con el tono ligero y el sentido del humor propio de la comedia estadounidense de los ochenta. Dirigida con soltura por Ron Howard, esta cinta plantea una premisa inverosímil —una sirena que llega al mundo terrenal— y la desarrolla con una naturalidad que seduce al espectador desde los primeros minutos. La química entre Tom Hanks, en plena eclosión como cómico de talento, y Daryl Hannah, etérea y fascinante en su papel, eleva el filme por encima del cliché. La mezcla de fantasía, romance y toques de intriga científica —gracias al trabajo del actor Eugene Levy— crea un equilibrio perfecto que marcó un antes y un después en las historias de amor con toques de cuento de hadas moderno.
Quienes disfruten de historias con encanto, cierto aire inocente y una narrativa que no renuncia al ingenio seguro que conectarán con esta cinta. Es ideal para quienes buscan una velada entretenida, sin estridencias, pero con momentos memorables y un toque de ternura que perdura. Los aficionados al cine clásico de los ochenta, o a las comedias con fondo fantástico, hallarán en ella una joya bien pulida, con personajes entrañables y un ritmo ágil. Aunque su estética data en algunos detalles, el corazón del filme sigue latiendo con fuerza, y sus temas —el amor verdadero, la aceptación, la curiosidad humana— siguen siendo universales. Una apuesta segura para una tarde de películas en buena compañía.